En España el campo envejece…

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Si sumamos la totalidad del concepto de jóvenes agricultores que se dedican a las faenas agrícolas hasta los 40 años, el porcentaje bordearía el 9% del total. España envejece…

La realidad del campo en los países latinoamericanos es que muchos jóvenes se han integrado a la producción agrícola aportando el uso de las nuevas tecnologías y los nuevos conceptos de manejo agrícola, como la Agricultura de Precisión o la Agricultura Inteligente y sustentable. Los problemas latinoamericanos pasan por el lado de la escasez de mano de obra, debido a la emigración desde el campo a la ciudad, pero incluso esta desventaja se comienza a solucionar de la mano de la tecnología, que aporta soluciones mecanizadas y digitales al proceso de cosecha y poscosecha en el agro.

En España en cambio, el trabajo agrícola está envejeciendo rápidamente y las estadísticas lo demuestran. Según los datos analizados por el Fondo Español de Garantía Agraria, FEGA, en el ámbito de las ayudas europeas, sólo un 0,55% de los más de 750 mil receptores de los beneficios directos de la Política Agrícola Común, en 2016 tenían menos de 25 años, que corresponde al 1,06% de pagos directos correspondientes a ese período, equivalente a 3.561 millones de euros.

En el tramo correspondiente a las personas receptoras de pagos entre los 25 y los 40 años, el porcentaje corresponde al 8,17%. Por lo que si sumamos la totalidad del concepto de jóvenes agricultores que se dedican a las faenas agrícolas hasta los 40 años, el porcentaje bordearía el 9% del total. España envejece…

En el otro lado del espectro, las cifras demuestran que la labor agrícola está depositada en aquellos que se acercan a la tercera edad, o en edad de jubilarse. Los beneficiarios de los fondos de la Política Agrícola Común en España que tienen más de 65 años alcanzaron el 38,8% del total, recibiendo el 26,25% de las ayudas económicas de fomento a la actividad agrícola.

En otros números, además de los etarios están los de género, aunque en este caso la realidad es más comprensible, ya que de los 750.183 receptores de beneficios, un 63% son hombres y un 37% mujeres. Aunque es destacable que a pesar que en casi todo el país el número de hombres beneficiarios de estas ayudas directas casi dobla al de las mujeres, en Asturias y Galicia las mujeres superan en un amplio porcentaje a los hombres.

La situación de España no es muy distinta a la realidad del conjunto de la Unión Europea, UE, ya que en la región sólo el 7,5% de los destinatarios de las ayudas para el desarrollo agrícola comunitario tiene menos de 34 años, y los solicitantes beneficiados mayores de 64 años llega al 30% del total.

Pueblos vacíos

La situación es preocupante. La UE ha calificado al sector agrario como una pieza clave en el mantenimiento del medio rural, que representa el 80% del territorio en promedio. Es por esto que las autoridades con sede en Bruselas y el propio Gobierno español  buscan desarrollar políticas públicas e incentivos económicos para rejuvenecer el campo, aunque el impacto del sector en la economía sólo alcanza menos del 5% de la población activa. Como medidas concretas, cada país de la UE podrá derivar el 2% de los fondos de Política Agrícola Común para apoyar la incorporación de actores jóvenes en la actividad agrícola, pudiendo optar a recursos que pueden llegar a los 70 mil euros.

Esta problemática no es nueva, y ya entre 2007 y 2014 se produjo la primera instalación de nuevos actores en el sector, captando a más de 13 mil personas a través de ayudas que significaron un desembolso de casi 400 millones de euros. Luego, en el periodo de 2014 a 2020, la Dirección general de Desarrollo Rural pretende la incorporación de 20 mil jóvenes, para lo que se ha destinado un fondo de 724 millones de euros, de los que gran parte provienen de la Comunidad Europea.

En España, aproximadamente el 50% de las pequeñas poblaciones se hallan en riesgo de extinción. Actualmente, según datos de la Asociación de Municipios, existen 1.286 pueblos con menos de 100 habitantes, la mayoría en las regiones de Galicia, Aragón, Castilla y León.

Fuente: Martín Carrillo O. – Blueberries Consulting