Juan Hirzel Campos, INIA:

Qué sucede con el N aplicado en dosis mayor a la necesidad de la planta? Adónde se dirigen las “pérdidas”? Qué efecto generamos en el medio ambiente con dichas “pérdidas”? Cómo se afecta la huella del agua y la huella del carbono?

El investigador del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, de la Universidad de Chile, Juan Hirzel Campos, será uno de los relatores del 7° Seminario Internacional, “Perú y la industria del arándano: Definiendo estrategias para el acceso a nuevos mercados”, que se realizará el 13 de junio en el JW Marriott de Lima, Perú. En el encuentro el científico desarrollará el tema “Preparando el acceso a mercados lejanos: Relaciones entre nutrientes para la obtención de fruta de calidad”.

Arándanos y nutrientes

En su texto “Fertilización en arándano”, el ingeniero agrónomo Juan Hirzel plantea que el manejo nutricional es uno de los factores de mayor importancia en el cultivo. Para el manejo convencional se puede emplear cualquier tipo de fertilizante en dosis y épocas oportunas. En cambio, para el manejo orgánico se deben emplear fuentes de fertilización autorizadas, las cuales deben ser aplicadas en los momentos oportunos de acuerdo a su velocidad de entrega de nutrientes, dado que muchas de estas fuentes como los compost y los abonos verdes necesitan de la actividad biológica del suelo, proceso que ocupa mucho tiempo para entregar algunos de sus nutrientes como el nitrógeno (N), fósforo (P) y azufre (S). Otros nutrientes, como potasio (K), calcio (Ca) y magnesio (Mg) son entregados de manera más rápida. La dosis a aplicar de cada nutriente debe estar relacionada al nivel de rendimiento del huerto y a las propiedades químicas del suelo (análisis de suelo), por lo cual el programa de fertilización a emplear temporada a temporada debe ser específico en cada huerto (no se puede generalizar una receta para todas las condiciones), dado que la falta o exceso de algún nutriente afectará directamente la productividad del huerto y calidad de la fruta. Por ello, es necesario contar con análisis de suelo (en lo posible cada 2 a 3 años) y análisis foliares (todos los años), con los cuales el diagnóstico nutricional y la recomendación de fertilización para ese huerto serán específicos y se cumplirá el objetivo del productor: mayor rendimiento y calidad = mayor rentabilidad para el cultivo.

Parámetros equivocados

El especialista en nutrición del INIA advierte en otros textos sobre los peligros de aplicar nutrientes en huertos de arándanos con parámetros desarrollados en otros países, que no consideran el largo período de postcosecha que debe soportar la fruta chilena y sudamericana en general. El manejo nutricional del arándano es un factor de mucha importancia en la productividad de cada huerto y en la calidad de la fruta producida. Elementos asociados a rendimiento, calibre y firmeza de fruta, como el potasio (K); a firmeza, sanidad y vida de postcosecha, como el calcio (Ca); o a crecimiento, productividad, exceso de vigor de la planta y ablandamiento de fruta, como el nitrógeno (N); deben ser cada vez más ajustados en los programas de manejo nutricional pero en función del conocimiento existente a nivel nacional e internacional. A modo de ejemplo, plantea el investigador, el manejo del N en arándano ha sido a la fecha solo parcialmente entendido, dado que en muchos huertos se emplean dosis que en muchos casos superan en más de dos veces las necesidades reales. Uno de los “distractores” que inducen a este error son los análisis foliares, para los que se utiliza estándares extranjeros, principalmente de Estados Unidos. Estos estándares apuntan a la obtención de plantas de alto crecimiento y productividad, y no consideran aspectos relacionados a la vida de postcosecha de la fruta, debido a que gran parte de la producción no debe enfrentar viajes largos o no requiere de una extendida vida de postcosecha como es el caso de la fruta sudamericana. Otro distractor que lleva a errar la dosis de N es la búsqueda de mayor crecimiento y desarrollo en las plantas, o el uso del concepto de ‘eficiencia’ de la recuperación del N aplicado como fertilizante. Este concepto muchas veces es mal entendido por quienes formulan programas de manejo nutricional, dado que una gran parte del N aplicado se atribuye a “pérdida”, siendo que la fertilización es una ‘reposición anticipada’ de las necesidades nutricionales del huerto para diferentes escenarios de fertilidad química del suelo. Cabe cuestionarse, dice Hirzel, qué sucede con el N aplicado en dosis mayor a la necesidad de la planta? Adónde se dirigen las “pérdidas”? Qué efecto generamos en el medio ambiente con dichas “pérdidas”? Cómo se afecta la huella del agua y la huella del carbono?

Agua y fertilizantes

En conversación con Nación Fértil, el investigador también se refiere al concepto de fertilidad, que lo cataloga como muy amplio, porque simplifica la capacidad de hacer producir. “Nuestro país y el mundo en general era mucho más fértil de lo que es ahora, a través del paso del tiempo los distintos agentes de la erosión, la lluvia, el viento, han provocado que el suelo agrícola pierda la capacidad productiva y eso nos ha ido limitando en términos productivos”, asegura el científico y agrega, “por lo que nuestra agricultura se hace más dependiente del uso de fertilizantes y está directamente relacionado con la capacidad de producción, que pueden tener las distintas empresas agrícolas”.

Juan Hirzel comenta que todos los estudios realizados por el INIA, demuestran que el agua es el factor de suelo más importante para los cultivos, por encima de los fertilizantes. “Si no hay agua la planta no se hidrata, no consume oxígeno, ni nutrientes, por lo que no puede hacer fotosíntesis y no puede producir. Aunque tengamos una mina de fertilizantes, la planta no va a poder ocupar nada si no tiene agua”.

Recalca que es muy importante la disponibilidad y el uso del agua, y asegura que los estudios del INIA demuestran que “el uso del agua, en términos comparativos respecto a todos los insumos que utiliza el productor, representa entre el 40% y el 60% sobre la productividad”. Hirzel señala que cuando comparamos el rendimiento de un cultivo con y sin agua, podemos llegar a triplicar el rendimiento.

Tenemos una disponibilidad limitada de suelo para producir, esto nos obliga a aumentar los rendimientos, por lo que los empresarios deben ampliar la forma más eficiente de los recursos para aumentar los rendimientos y la productividad”.

Fuente: Martín Carrillo O. – Blueberries Consulting