Especialistas del Instituto de Medioambiente de la Universidad de Minnesota, EEUU, han elaborado un informe llamado How Does Agriculture Change Climate? (¿Cómo cambia la agricultura nuestro clima?), que aborda el impacto en el cambio climático y calentamiento global de la deforestación, el ejercicio de la agricultura y otros usos de la tierra, como las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, que representan un 20% del total.

Este porcentaje de emisiones de GEI por parte de la actividad agrícola supera las emisiones generadas por el conjunto del transporte terrestre y aéreo. Es tres veces mayor que las emisiones del sector de la construcción, e igual a todas las emisiones industriales. Sólo el sector dedicado a la producción de energía genera más emisiones de GEI (un 37 %) que el sector agrícola.

Desde el comienzo de la llamada Revolución Verde, la productividad del sistema agrícola mundial casi se ha triplicado, contribuyendo a la mejora de la seguridad alimentaria para una población creciente, satisfaciendo las demandas de alimentación de un mundo cada vez más rico. Pero esta productividad tan asombrosa también ha implicado costes ambientales, por lo que el reto más importante para la seguridad alimentaria es mitigar el impacto de la agricultura en nuestro clima.

En el Informe ¿Cómo cambia la agricultura nuestro clima?, son consideradas las emisiones de GEI derivadas de la deforestación y la gestión agrícola, pero si se incluyeran también las procedentes del transporte de productos, envases, y residuos de alimentos, el sistema alimentario representaría aproximadamente un 30 % de las emisiones mundiales. Por lo que si tuviéramos que satisfacer las futuras necesidades alimentarias como lo hemos hecho hasta ahora, con los países en desarrollo aumentando la producción de cultivos a través de la deforestación de tierras y los países desarrollados aumentando la producción a través de aumentos en el rendimiento, se estima que las emisiones agrícolas globales aumentarían al menos un 30 % para 2050.

A pesar de este papel central de la agricultura en el cambio climático, existen oportunidades prometedoras para mitigar las emisiones y reducir la demanda de alimentos de alto nivel de emisiones, por lo que el desarrollo de un sistema alimentario mundial que consiga la seguridad alimentaria y reduzca el impacto ambiental de la agricultura es uno de los principales retos de nuestro tiempo.

Emisiones

Entre las fuentes dominantes de gases de efecto invernadero, se cuentan el dióxido de carbono (CO2) de la deforestación tropical, el metano (CH4) derivado de la producción del ganado y del arroz y el óxido nitroso (N2O) como consecuencia de la fertilización o de la quema de tierras cultivables.

Un 60 % de todas las emisiones antropogénicas de N2O proceden de la agricultura. El óxido nitroso emitido en la atmósfera es un GEI importante, ya que es 300 veces más eficaz en el calentamiento que el CO2.

Además, la agricultura es responsable de alrededor de la mitad de las emisiones mundiales de metano, que es 26 veces más fuerte que un gas de efecto invernadero como el CO2. El ganado rumiante, incluyendo las vacas y las ovejas, digiere su alimento a través de la fermentación entérica, lo que produce metano. El resultado es que, a escala mundial, alrededor de un tercio de las emisiones de metano de la agricultura provienen del ganado. La quema de biomasa para preparar los campos es otro productor de metano, al igual que aplicar estiércol a los campos. También está el que cultivo de arrozales, donde las bacterias descomponen la biomasa sumergida en los campos, representa un 11% de las emisiones de la gestión agrícola.

La mayor parte del N2O se produce después de fertilizar las tierras de cultivo, cuando los microbios del suelo convierten parte del nitrógeno aplicado del abono y del estiércol en N2O. Debido a una relación no lineal entre la aplicación y las emisiones, a medida que se emplea más fertilizante de nitrógeno, una mayor fracción del nitrógeno aplicado se convierte en N2O. El óxido nitroso también se produce cuando se queman los residuos de los cultivos.

Soluciones

Mitigar este impacto de la agricultura en nuestro clima no será fácil, pero hay que combinar estrategias para evitar niveles peligrosos de cambio climático. Actualmente, si todos los sectores agrícolas reducen sus emisiones al máximo, no podremos alcanzar el objetivo de limitar el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2 ° C. Un objetivo estimado para la mitigación necesaria en la agricultura es de 1 GT CO2eq/año para 2030, lo que equivale aproximadamente a las emisiones de todos los coches que circulan por las carreteras de Estados Unidos hoy en día.

El desafío, en particular en el sur global, es limitar la tala de árboles mientras se siguen produciendo suficientes cultivos para alimentar poblaciones en crecimiento. En Brasil, los compromisos de las empresas han permitido la intensificación agrícola y han contribuido a una fuerte caída de la deforestación.

Los arrozales son una fuente clave de alimentos. También son una fuente clave de metano. Para frenar este gas tan potente de efecto invernadero durante la temporada de crecimiento, los agricultores pueden drenar periódicamente sus campos. Durante la temporada baja, mantener el suelo seco ayudará.

Las bacterias del suelo recogen nitrógeno extra y lo utilizan para generar el gas óxido nitroso, un poderoso calentador del planeta. La aplicación ineficiente de fertilizantes es la principal fuente de nitrógeno adicional del suelo, por lo que el uso más inteligente de fertilizantes evita emisiones innecesarias. Entre las mejores prácticas, se incluye asegurar una aplicación precisa, usar fertilizantes de liberación lenta y otras medidas.

No todas las soluciones dependen de que los agricultores cambien sus costumbres. Todos podemos ser parte de la solución también. Los enfoques del lado de la demanda incluyen la reducción del desperdicio de alimentos y el cambio hacia dietas con menos contenido cárnico, lo que se traduciría en menores emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura.

Fuente: Environment Reports Food Matters – Martín Carrillo O. – Blueberries Consulting